Estos últimos días en el trabajo se me están haciendo muuuuy laaaargos. Tengo unas ganas tremendas de acabar, ir al paro, arreglar mis papeles y olvidarme de todos los malos ratos que he pasado en los últimos meses. La tónica de estos días está siendo tranquila. Tengo bastante por hacer, pero lo voy haciendo a mi ritmo y sin estresarme. Si desde el principio lo hubiera hecho así, no habría acabado tan quemada.
Mientras espero a que pasen estos días, estoy preparando los papeles para matricularme en la Escuela Oficial de Idiomas.
No sé cómo funciona la cosa en otras comunidades, pero en Valencia la oferta de plazas es tan reducida, que conseguir entrar es como si te hubiera tocado la lotería. Y a mí me ha tocado. Estoy que no me lo creo, pero al mismo tiempo pienso que me merecía tener algo de suerte. El viernes tengo cita para matricularme y en principio empiezo las clases la semana que viene. Voy a cursar el nivel intermedio de Inglés y me da mucho respeto, porque hace ya 14 años que acabé los estudios de COU y desde entonces no he vuelto a practicar el inglés. Me da mucho apuro, pero confío mucho en mi capacidad de esfuerzo. Otra cosa no tengo, pero siempre he sido muy aplicada en los estudios a base de dedicarle muchas horas.
No sé qué será de mi en los próximos meses. Empiezo a sentir el peso de la incertidumbre. Desde que acabé la universidad no he parado nunca y como buen culo de mal asiento que soy, pues no me imagino sin nada que hacer. Ir a clases de inglés es un buen principio, pero seamos realistas, son sólo cuatro horas a la semana, necesito hacer más cosas para ocupar mi tiempo.
Sobretodo, lo necesito para no pensar en lo único, ya sabéis.
