lunes, 11 de julio de 2011

Las princesas también lloran

Charlene Wittstock y Alberto de Mónaco
El pasado fin de semana estuve ojeando una revista del corazón en casa de mis padres. Me entretuve un buen rato mirando las fotos de la boda del príncipe Alberto de Mónaco con la nadadora Charlene Wittstock, ya que desde pequeña me ha encantado cotillear los modelitos de ropa que salían en las revista. No pude evitar sentir cierta lástima por la nueva Grace Kelly.

Según recogen algunos medios, los contrayentes han firmado un acuerdo nupcial por el que ella se compromete a darle un heredero dentro de los próximos cinco años. ¿Qué pasará si pasado ese período de tiempo no consiguen concebir un niño (está visto que si es niña no puede heredar el principado)? ¿La  repudiará en ese caso? ¿Cómo podemos hablar en estos términos en pleno siglo XXI?

Ahora que estoy intentando tener un hijo, y que sé lo difícil que es quedarse embarazada, no puedo evitar pensar qué le pasará a la princesa de Mónaco en el caso de que no pueda concebir o no pueda desarrollar vida en su útero. Bueno, me puedo imaginar que en ese caso recibiría todo tipo de atenciones médicas y tratamientos de fertilidad, sin listas de espera, sin preocuparse por hacer números. 

Pero, llegados a ese punto, imaginemos que da a luz y tiene un niño precioso, ¿qué pasará con ella? ¿La repudiará porqué ya ha cumplido su cometido y ya no necesita sus funciones reproductoras? 

¿No os parece también que están jugando con la vida de un ser que aún no ha nacido y que si viene a este mundo se va a encontrar con una tremenda falta de cariño? Bueno, ahora soy yo la que está prejuzgando. Igual a ese niño nunca le faltará amor de sus padres, pero ... qué tristeza me produce todo esto!

viernes, 8 de julio de 2011

Probando a postear desde el móvil

El teclado es muy pequeño pero es una buena opción para escribir sin el portátil.
Cada vez me gustan más y me asustan menos las nuevas tecnologías.

miércoles, 6 de julio de 2011

Poco tiempo para el blog

Últimamente ando bastante desconectada de la blogosfera maternal y con poco tiempo para pararme a escribir algo de lo que pueda sentirme orgullosa. Tengo las neuronas fritas, debe de ser la mezcla de calor y la cercanía de las vacaciones, pero lo cierto es que estoy dejando abandonado este blog y muchos de los que seguía con asiduidad. 

Quizá esta desgana tenga algo que ver con el hecho de que no he conseguido mi gran objetivo, que es quedarme embarazada. Quizá si ya lo hubiera conseguido os podría hablar de los controles, los análisis, las compras para el bebé... Creo que sería un blog más ameno, donde volcaría mis sentimientos ante la inminente maternidad o mis dudas, que seguro que os apresurarías a comentar. Ese era el objetivo inicial de este blog. 

En cambio, escribo de vez en cuando para contaros que este mes tampoco ha sido... que no me doy por vencida... que lo seguiré intentando... Vaya rollo, ¿no?

A todo esto se ha unido recientemente la amenaza del paro. Finalmente acabaré mi contrato el 30 de septiembre, yuhu, tres meses más de nómina. Cuando me lo comunicaron, rápidamente hice la suma mental y pensé, bueno, de ahí sacaré para pagar la cuna, el carro, los muebles, etc. Por mi bienestar físico y mental preferiría haber acabado ya, pero ese dinero nos vendrá bien de cara a los próximos años. 

Mis amigos periodistas me dicen que el paro es una excelente oportunidad para quedarse embarazada, que aproveche la circunstancia, porque nuestro trabajo no tiene horarios fijos ni mucho menos compatibles con las necesidades de un bebé. La verdad es que tienen toda la razón del mundo, pero nadie me asegura que vaya a quedarme embarazada en los próximos dos años. Y esa idea me reconcome. 

Me gustaría que me dierais ideas para poder afrontar lo que está por venir. Me gusta demasiado planificar y que todo se cumpla, pero esta vez siento que no tengo las riendas de mi vida.